La semana pasada asistí a un evento que me llenó de orgullo: La entrega del Premio Juan Alberto Olivares, de la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales, el cual fue otorgado al Dr. José Rafael León, a mi amigo Chichi, por su brillante carrera en el área de la investigación y docencia de las matemáticas en el país.
Llegamos corriendo, sorteando el tráfico, las manifestaciones y la lluvia, para entrar al Palacio de las Academias, como quien entra al pasado por una puerta escondida. Ese edificio, en pleno centro de Caracas, evoca tiempos de paz y de sosiego, de estudio y de dedicación. Sentí que al salón donde estábamos reunidos hubiese debido entrar con traje largo y mantilla, o al menos con un abanico de tela brocada y un vestido armado, con escote en los hombros, y sentarme, con el cabello debidamente recogido en un moño, a escuchar esas palabras tan hermosas que nos contaban las hazañas de académicos y hombres de ciencia del pasado, de una Caracas que hace doscientos años estaba ya en el estado del arte de las ciencias matemáticas, y desde donde se promovieron iniciativas tales como la creación de la Academia de Matemáticas para la formación en ingeniería y en artes militares.
Tuve la sensación de haber entrado en un recinto donde el tiempo pasa a un ritmo diferente, donde la historia pesa, es reconocida, venerada, donde las acciones de hombres civiles que contribuyeron a la sociedad mediante la creación de conocimiento, el desarrollo de talentos, el intercambio de ideas en un ambiente de enriquecimiento intelectual, era importante. Chichi evocaba en su discurso ese trágico momento para la academia española, por la pérdida del talento científico, donde “la intolerancia de Franco… contribuyó al desarrollo cultural de América Latina”, y mi mente volaba hacia los encuentros diversos que he tenido con empresas estatales y privadas en Estados Unidos, México, Colombia, Ecuador y Perú, donde me dicen que la pérdida de talentos en Venezuela ha sido para ellos una ganancia sin precedentes, dada la calidad de los profesionales venezolanos.
Y me puse a pensar en el sinnúmero de personas que conozco, familiares, amigos, vecinos, colegas, que han tenido que tomar la difícil decisión de salir del país buscando nuevos y mejores horizontes, al ver que nuestra tierra de gracia les niega la oportunidad de ejercer dignamente sus carreras, por no estar de acuerdo con una tendencia política, o porque sencillamente las oportunidades son cada vez mas escasas. Esos profesionales, que hoy son exitosos en otras sociedades, fueron formados aquí, por docentes, como Chichi, que se preocuparon por estar en el estado del arte de sus respectivas áreas de trabajo, que salieron al exterior a buscar conocimientos y traerlos al país, innovando lo existente, creando nuevas estructuras, nuevas líneas de investigación, nuevas formas de hacer las cosas.
Hoy, con este reconocimiento a la constancia, a la excelencia, al trabajo continuo en pro del desarrollo de nuestra sociedad, el Dr. León pasa a ser parte viva de la historia que él mismo reseñaba. Y no hay nada mejor que estar vivo y apasionado por lo que uno escogió como carrera, para poder seguir proponiendo soluciones, buscando caminos, construyendo futuro. Y eso, amigo Chichi, es lo que nos toca seguir haciendo.
Caracas, 27 de noviembre de 2008
Llegamos corriendo, sorteando el tráfico, las manifestaciones y la lluvia, para entrar al Palacio de las Academias, como quien entra al pasado por una puerta escondida. Ese edificio, en pleno centro de Caracas, evoca tiempos de paz y de sosiego, de estudio y de dedicación. Sentí que al salón donde estábamos reunidos hubiese debido entrar con traje largo y mantilla, o al menos con un abanico de tela brocada y un vestido armado, con escote en los hombros, y sentarme, con el cabello debidamente recogido en un moño, a escuchar esas palabras tan hermosas que nos contaban las hazañas de académicos y hombres de ciencia del pasado, de una Caracas que hace doscientos años estaba ya en el estado del arte de las ciencias matemáticas, y desde donde se promovieron iniciativas tales como la creación de la Academia de Matemáticas para la formación en ingeniería y en artes militares.
Tuve la sensación de haber entrado en un recinto donde el tiempo pasa a un ritmo diferente, donde la historia pesa, es reconocida, venerada, donde las acciones de hombres civiles que contribuyeron a la sociedad mediante la creación de conocimiento, el desarrollo de talentos, el intercambio de ideas en un ambiente de enriquecimiento intelectual, era importante. Chichi evocaba en su discurso ese trágico momento para la academia española, por la pérdida del talento científico, donde “la intolerancia de Franco… contribuyó al desarrollo cultural de América Latina”, y mi mente volaba hacia los encuentros diversos que he tenido con empresas estatales y privadas en Estados Unidos, México, Colombia, Ecuador y Perú, donde me dicen que la pérdida de talentos en Venezuela ha sido para ellos una ganancia sin precedentes, dada la calidad de los profesionales venezolanos.
Y me puse a pensar en el sinnúmero de personas que conozco, familiares, amigos, vecinos, colegas, que han tenido que tomar la difícil decisión de salir del país buscando nuevos y mejores horizontes, al ver que nuestra tierra de gracia les niega la oportunidad de ejercer dignamente sus carreras, por no estar de acuerdo con una tendencia política, o porque sencillamente las oportunidades son cada vez mas escasas. Esos profesionales, que hoy son exitosos en otras sociedades, fueron formados aquí, por docentes, como Chichi, que se preocuparon por estar en el estado del arte de sus respectivas áreas de trabajo, que salieron al exterior a buscar conocimientos y traerlos al país, innovando lo existente, creando nuevas estructuras, nuevas líneas de investigación, nuevas formas de hacer las cosas.
Hoy, con este reconocimiento a la constancia, a la excelencia, al trabajo continuo en pro del desarrollo de nuestra sociedad, el Dr. León pasa a ser parte viva de la historia que él mismo reseñaba. Y no hay nada mejor que estar vivo y apasionado por lo que uno escogió como carrera, para poder seguir proponiendo soluciones, buscando caminos, construyendo futuro. Y eso, amigo Chichi, es lo que nos toca seguir haciendo.
Caracas, 27 de noviembre de 2008
