20 de noviembre de 2008

Cambio

Cambiar es un proceso difícil. Abandonar viejas estructuras, que nos han sido tan útiles hasta ahora, para probar nuevas formas, siempre implica un riesgo, una posibilidad de que las cosas no sean como uno quisiera, que en vez de mejorar, retrocedamos. Y ante esa duda, podemos quedarnos paralizados, viviendo a medias, esperando que el cambio venga de afuera, que alguien mejore nuestro entorno para así evitar equivocarnos y hacernos responsables por nuestras acciones, por nuestra necesidad de cambiar.

Mi abuela Amelia, quien fue una mujer que vivió casi todos los cambios del siglo pasado, una vez haciendo hallacas me confesó como ella, después de veinte años y siete hijos, todavía no se atrevía a contradecir a Don Luis en nada de lo que este señalara. Hasta que, viendo como él se disponía a pelar a sus hijas por estar asomadas a la ventana, hablando con los cuasi novios de la época, se interpuso y le gritó con fuerza que, si las tocaba, se estaba metiendo con ella, y eso no lo iba a permitir. Papa Viejo, por supuesto, no entendió nada de lo que estaba ocurriendo, como se atrevía Amelia a contradecirlo, y además, delante de las muchachas. Se quedó paralizado, correa en mano, mirando esa nueva mujer que tenía por delante, admirando su fuerza, su determinación, su valor. Ella le devolvía la mirada con fiereza, por dentro muerta del miedo, pero ya no había vuelta atrás. Las piernas le temblaban, la voz se le iba escondiendo, el corazón le latía intensamente. Y Don Luis bajó la mano, aceptó la derrota, cedió ante todos su poder. “Si yo hubiera sabido que era tan fácil, lo hubiera hecho antes” me dijo, pícara, tomándose otro trago de ponche crema, treinta años después del suceso.

Porque claro, parece fácil, después de que nos atrevemos a hacerlo, a cambiar, a ponerle fin a una forma de vida y buscar cosas nuevas, mejores. Pero en el momento de tomar la decisión se agolpan los miedos, las dudas, la posibilidad de perder lo seguro por algo mejor pero desconocido. Bien dice el dicho: más vale malo conocido que bueno por conocer. Pero ante la insatisfacción del presente, al sentir que estamos viviendo una vida a medias, ver las cosas en retrospectiva nos puede también ayudar a avanzar, a recordar lo que ya hicimos, donde nos equivocamos, y a buscar aquello que nos falta para construir una vida mejor.

Y eso que nos falta es de naturaleza doble. Por una parte, necesitamos cambios en nuestro entorno, mejorar nuestras relaciones en la familia, con los hijos, en el trabajo, mejorar nuestra calidad de vida, donde vivimos, como vivimos. Por otra, necesitamos realizar ese análisis de conciencia donde, con honestidad, nos digamos frente al espejo qué es lo que estamos haciendo para salir adelante. Esto último es lo más difícil. Nada hubiera hecho Doña Amelia parándose frente a Don Luis si internamente no hubiera estado preparada para enfrentar un no como respuesta. Asumir su miedo, y traerlo de la mano, pararse frente a esa autoridad que era su marido, 20 años mayor que ella, y lograr decirle, exigirle lo que necesitaba de él, la ayudó después a transformar sus relaciones y mantener el orden familiar que ella necesitaba.

Me pregunto de qué manera nos estamos preparando como individuos, para reconocer nuestras necesidades, asumir nuestros miedos, y salir a cambiar nuestro entorno. Me pregunto si ya estamos preparados para decirle basta a esta forma de vida que hoy nos imponen nuestros gobernantes, al tráfico, a la inseguridad, a la desidia, a la falta de iniciativa, a la anarquía, a la carencia de oportunidades reales, a la destrucción de talento, al desgaste de lo conocido sin la construcción de cosas mejores para todos nosotros.

Ojalá que el domingo, viéndonos en el espejo, tomemos una decisión como país y salgamos a votar para cambiar nuestro entorno, con la confianza que nuestras acciones van a mejorar nuestra calidad de vida como personas y como sociedad. Quizá después el lunes nos reiremos, picaros y digamos, después de unos años, si era tan fácil…

Caracas, 20 de noviembre de 2008

1 comentario:

La Negra dijo...

No pudimos decirlo en el 2008, no fue tan fácil como hubiéramos querido... quizás lo sea para el 2012. Lo importante como tú dices es atrevernos, es seguir creyendo en que podemos ser partícipes del cambio... es seguir el ejemplo de tu abuela. Me encantó tu reflexión.