Finalmente, después de muchas dudas, me monté en el avión rumbo a Europa. Y cuando me bajé en Barcelona, no podía creer que había dejado pasar tanto tiempo sin volver a estas tierras españolas. Las calles, los olores, la luz sobre el puerto al final de la tarde, en la Rambla del Mar, la gente hablando en mil idiomas, con orígenes diversos, como una fiesta donde los invitados llegan de todas partes del mundo, todos alegres, todos asombrados de la calidez y belleza de la ciudad, de lo sencillo y sabroso de sus comidas, de lo sinuoso de su arquitectura, de la amabilidad de su gente.
Y Madrid, sobria, elegante, con sus anchas calles llenas de gente apurada por llegar a todas partes, en la ebullición de ser la capital de un país en crecimiento, que pasó de adolescente a adulto en esa Unión Europea, buscando su propia identidad, sus propias opiniones, parándose en sus propios pies después de mucho tiempo y sufrimiento.
Recordé mi primer viaje a España, en aquel entonces todavía franquista, pacata, tímida, un poco gris, enlatados en un carro paseando por Andalucía, por Córdoba y Sevilla, por Granada, probando el jerez y el vino tinto, viendo la sombra de África desde Gibraltar, y preguntándonos desde donde fue que el último moro lloró la pérdida de su Alhambra. Y ese viaje fue revelador para todos nosotros, como si hubiésemos encontrado la puerta a algún rincón del pasado, de la historia, de nuestro origen mezclado de cristianos, árabes y negros, con cantos gregorianos tejidos entre palmadas andaluzas y tambores africanos, con ecos del romancero gitano que recitábamos en el colegio.
Volver a España fue volver a esa raíz, a ese ombligo materno, para ver las cosas desde otra perspectiva, sacar la cabeza y voltear hacia otros horizontes, y creer en el mediano plazo, palpar realidades construidas hace relativamente poco y constatar que las sociedades sí pueden concertar un futuro mas digno, y que solo falta que dejemos el protagonismo individual y nos pongamos de acuerdo en ese norte común, donde logremos crecer como individuos y como sociedad.
Caracas, 13 de octubre de 2008
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